CERÁMICA: tendencias que redefinen el espacio contemporáneo
Cómo se fabrica y clasifica la cerámica y siete tendencias que la definen hoy: materia consciente, textura, color, gran formato, relieve, digital y fachada.
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En la arquitectura y el interiorismo contemporáneos, pocos materiales han evolucionado tanto como la cerámica. Ha superado su función original de revestimiento para convertirse en una pieza clave del vocabulario estético y técnico de los espacios actuales, capaz de incorporar avances tecnológicos y de responder a nuevas exigencias de diseño y de sostenibilidad. Hoy es también un medio de expresión: una superficie que trabaja con la luz, la textura y el color.
En este artículo repasamos cómo se fabrica y cómo se clasifica una baldosa cerámica, y después las tendencias que definen su presente: una producción más consciente, la tactilidad, la expresión individual, el gran formato, las formas orgánicas, la personalización digital y la cerámica como piel del edificio. Las ilustramos con colecciones de Florim, Mutina, Quintessenza y Harmony, y cerramos con una tabla resumen y las preguntas más frecuentes de quien especifica.
Técnica y materialidad: cómo se fabrica la cerámica
La cerámica es el resultado de un proceso técnico-industrial que transforma materias primas naturales en productos de elevada resistencia mecánica, estabilidad dimensional y gran versatilidad funcional y estética. El proceso empieza con la selección y extracción de arcillas, a las que se incorporan otros minerales —como caolines o sílices— para ajustar sus propiedades físico-químicas y su comportamiento durante la fabricación.
Tras molerla y homogeneizarla con agua, la masa se conforma según el producto final. Las baldosas se fabrican por prensado en seco o por extrusión: la norma las agrupa precisamente así, en el grupo B (prensadas) y el grupo A (extruidas), y el método suele reconocerse por el relieve del reverso. Las piezas de geometría más compleja se obtienen por colado en moldes. En todos los casos se secan en condiciones controladas para evitar tensiones internas que provoquen fisuras o deformaciones durante la cocción.
La cocción se realiza en hornos industriales —en las baldosas, hornos de rodillos— a una temperatura que depende de la composición y del producto. Un informe técnico elaborado para ASCER en 2022 sitúa la temperatura máxima de cocción de las baldosas entre 1.120 y 1.194 °C, en ciclos de 45 a 64 minutos. En esta fase se produce la sinterización de los minerales y, en mayor o menor grado, su vitrificación: el material gana cohesión, reduce su porosidad y aumenta su densidad, su resistencia al desgaste y su estabilidad frente a agentes químicos y térmicos. Por eso la cerámica funciona tanto en interior como en exterior.
Muchas piezas se recubren con esmaltes formulados con óxidos metálicos y fundentes minerales. Tras la cocción forman una capa vítrea, fuertemente adherida al soporte, que define el color, el brillo y la textura y protege la superficie. El esmalte se aplica antes de una única cocción (monococción), el proceso del gres esmaltado y del gres porcelánico, o entre una primera y una segunda cocción (bicocción), que se mantiene en algunos azulejos y en colecciones que buscan un brillo especial.
Cómo se clasifica: la norma UNE-EN 14411
La norma UNE-EN 14411, equivalente a la ISO 13006, clasifica las baldosas por dos criterios: el método de moldeo —extruidas (A) o prensadas en seco (B)— y la absorción de agua, que va del grupo I (hasta el 3 %, con el subgrupo Ia para un máximo del 0,5 %) al grupo III (más del 10 %). Cuanto menor es la absorción, menor es la porosidad y mejor el comportamiento frente a la helada. La tabla resume los tipos más habituales según la Guía de la baldosa cerámica de ASCER.

Hacia una materia más consciente
La cerámica está atravesando una transformación que la sitúa como material estratégico en el diseño sostenible. La industria evoluciona hacia modelos de producción alineados con la economía circular, que combinan innovación técnica y una revisión de toda su cadena de valor.
Una de las líneas más significativas es la incorporación de residuos cerámicos —de los propios procesos de fabricación o de otras industrias— en nuevas pastas, lo que reduce el consumo de materias primas vírgenes. Al mismo tiempo, el uso racional de la energía y del agua se ha convertido en una prioridad. Según el informe para ASCER, la cocción es la etapa que más energía térmica consume: unos 793 kWh por tonelada de producto cocido, de un total de 1.428 kWh/t. Optimizarla, recuperar calor y cerrar los circuitos de agua son hoy objetivos del sector, que además se anticipa a una regulación cada vez más exigente.
En el plano conceptual, se revaloriza la arcilla como materia prima esencial, con su carga simbólica y estética, y se reinterpreta lo artesanal desde la arquitectura: la textura, el color y la técnica pasan a ser recursos expresivos. A ello se suma el desarrollo de esmaltes formulados sin plomo ni metales pesados y la atención a la calidad del aire interior: Mutina, por ejemplo, indica en sus colecciones que no contienen compuestos orgánicos volátiles (COV).
Para comparar productos con datos y no solo con argumentos, conviene pedir al fabricante:
- Declaración Ambiental de Producto (DAP o EPD): cuantifica los impactos del ciclo de vida con una metodología común y la valoran certificaciones de edificio como LEED o BREEAM.
- Contenido en material reciclado: la autodeclaración debe seguir la norma UNE-EN ISO 14021, como recoge la guía de ASCER.
- Composición y emisiones: ausencia de COV y esmaltes sin plomo, si el proyecto tiene requisitos de calidad del aire interior.
- Certificaciones de la empresa: sistemas de gestión ambiental como ISO 14001 o EMAS, o certificaciones como B Corp, que tiene Florim.
En conjunto, la cerámica ya no se valora solo por su durabilidad o su estética, sino también por su capacidad de adaptarse a los nuevos estándares ambientales sin perder su identidad.

Tactilidad, imperfección y poética material
El diseño cerámico se aleja del acabado liso y homogéneo que dominó durante años para dar paso a superficies que invitan al tacto. La tendencia explora texturas, relieves y una imperfección controlada que aporta carácter y redefine la relación entre el material y el espacio.
Las nuevas superficies son táctiles y tonalmente variadas, con irregularidades que remiten a la autenticidad de los materiales naturales. Desde relieves geométricos precisos hasta formas orgánicas y erosionadas, estas texturas dialogan con la luz y generan sombras y reflejos que transforman la percepción del espacio.
No es un capricho estético, sino una reivindicación de la materialidad auténtica: las piezas evocan paisajes y procesos artesanales y, frente a un diseño homogeneizado por la industrialización, devuelven sensibilidad, naturaleza y tiempo. En el proyecto, permiten añadir textura, calidez y profundidad, con experiencias multisensoriales que conectan con el usuario de forma más íntima.
La colección Chamotte, de Patricia Urquiola para Mutina, lo resume bien. Son piezas de cerámica extruida de 7,2×21,3 cm en tres variantes —Linea, con relieves continuos; Quadra, con relieves interrumpidos, y Mono, lisa— y seis colores. Su esmalte brillante, intensificado mediante doble cocción, resalta los relieves con reflejos irregulares, de modo que cada pieza capta la luz de forma distinta.

Expresión individual
Una de las tendencias más influyentes del diseño contemporáneo se caracteriza por una narrativa visual audaz, que desafía las convenciones y hace de la libertad creativa un principio. De espíritu experimental, apuesta por una estética híbrida que fusiona estilos y épocas en composiciones muy expresivas. Los patrones tradicionales se reinterpretan con una forma y un color actuales: tonos vivos y saturados se combinan con formas amorfas, texturas artesanales y gráficas de fuerte impacto visual.
La superposición de referencias retro y enfoques contemporáneos genera una estética de remezcla que rompe con la linealidad histórica del diseño. Se buscan experiencias sensoriales a través de contrastes enérgicos, motivos orgánicos y técnicas mixtas que refuerzan la identidad del espacio. Más allá de la renovación estética, la tendencia pone en valor la individualidad, la expresión personal y la autenticidad frente a la estandarización visual.
Es un giro hacia un diseño más humano, en el que la creatividad, la fusión cultural y la estética como experiencia sensorial definen nuevas formas de comunicar, habitar y conectar.

La continuidad del gran formato
En los últimos años, los grandes formatos cerámicos —placas de 120×120 cm hasta 160×320 cm— han pasado de ser una innovación técnica a una declaración de intenciones en arquitectura e interiorismo. Como referencia, la norma de colocación UNE 138002 considera gran formato cualquier baldosa cuyo lado mayor supere los 70 cm. Esta tipología de pavimento y revestimiento responde a una búsqueda estética, pero también supone un avance en funcionalidad y en percepción del espacio.
Su principal ventaja es la reducción de juntas, que permite superficies continuas y homogéneas. El resultado es una piel arquitectónica limpia y sobria que potencia la sensación de amplitud y profundidad. Este efecto monolítico funciona en espacios residenciales, comerciales e institucionales, y dialoga con otros materiales de forma sutil.
Técnicamente, la manipulación y la colocación exigen profesionales especializados y equipos específicos: precisión en el corte, bastidores con ventosas para el transporte, un soporte plano y una colocación perfectamente nivelada. Menos juntas no significa junta cero: la UNE 138002 no admite revestimientos cerámicos sin junta ni con juntas inferiores a 1,5 mm. La inversión en mano de obra cualificada es mayor, pero el valor arquitectónico que aporta explica que sea una elección cada vez más frecuente entre prescriptores, arquitectos y diseñadores.
Así, los grandes formatos no solo siguen ganando terreno: están redefiniendo el concepto de superficie continua en la arquitectura contemporánea.

Formas orgánicas, patrones naturales
En plena era del diseño consciente, la cerámica encuentra en la naturaleza una fuente constante de inspiración. Las colecciones más recientes adoptan formas, colores y texturas que evocan lo vivo y se integran en espacios que priorizan el bienestar, la calma y la conexión con el entorno. Esta estética busca restablecer el vínculo emocional entre las personas y la naturaleza a través de elementos sensoriales y simbólicos.
La tendencia se manifiesta en formas orgánicas, gráficas suaves y patrones que imitan estructuras naturales, como fractales vegetales, motivos florales estilizados o geometrías fluidas inspiradas en el crecimiento de las plantas o en los sedimentos minerales. Resurgen además técnicas como el mosaico o el patchwork cerámico, reinterpretadas desde una mirada contemporánea que conecta con la tradición artesanal y el valor de lo hecho a mano.
En el plano gráfico, las superficies cerámicas reproducen materiales naturales con una precisión cada vez más refinada: vetas de piedra, aguas de mármol, texturas de madera, agrietamientos de tierra seca o acabados erosionados que imitan el paso del tiempo. El resultado son espacios con una fuerte carga sensorial, en los que la cerámica no solo reviste, sino que narra una experiencia de conexión y equilibrio.
Bas-Relief, de Patricia Urquiola para Mutina, lleva esta idea al relieve: piezas de porcelánico extruido de forma artesanal, de 9 mm de espesor, con dibujos de profundidad variable —Patchwork, Garland y Cloud en pared, de 18×54 cm, y Code en suelo— que generan claroscuros según la luz. Garland, por ejemplo, revisa el motivo floral con una mirada contemporánea y digital.

Personalización y tecnología digital
La cerámica ha dejado de ser un material meramente tradicional para convertirse en una plataforma de experimentación tecnológica y expresiva. Gracias a avances como la impresión digital de alta definición, el diseño paramétrico y la fabricación 3D, se transforma en una superficie muy personalizable, capaz de adaptarse a conceptos estéticos, funcionales y narrativos con gran flexibilidad.
Hoy es posible crear piezas únicas o series limitadas con patrones personalizados, en las que cada módulo responde a un algoritmo de diseño o a una intervención gráfica específica. Esta versatilidad permite composiciones modulares que varían en color, textura o relieve según las necesidades del espacio o del proyecto.
El material se convierte así en un lienzo tridimensional al que se pueden añadir capas informativas o sensoriales: textos o códigos gráficos, efectos ópticos, relieves digitales y microtexturas, todo con gran precisión técnica. Esto abre posibilidades en proyectos de arquitectura, instalaciones artísticas, señalética o espacios comerciales que necesitan diferenciarse. Es un punto de encuentro entre materialidad y tecnología, donde el límite ya no lo impone el formato, sino la creatividad.

Cerámica como piel arquitectónica
En los últimos años, la cerámica ha ampliado notablemente su campo de aplicación hasta consolidarse como material de alto rendimiento para el revestimiento de fachadas. Ya no se limita a interiores y pavimentos: hoy actúa como una piel técnica y estética del edificio, sobre todo en fachadas ventiladas y en sistemas prefabricados.
Su uso en la envolvente responde a criterios técnicos y estéticos. Las baldosas cerámicas tienen clasificación de reacción al fuego A1 (sin contribución al fuego) sin necesidad de ensayo, según la Decisión 96/603/CE de la Comisión Europea; las de muy baja absorción de agua resisten la helada, y el material se mantiene estable frente a los cambios térmicos, es duradero ante la intemperie y requiere poco mantenimiento. Las placas de poco espesor y los sistemas de anclaje mecánico facilitan su montaje tanto en obra nueva como en rehabilitación.
Más allá del rendimiento, la cerámica en fachada tiene un gran potencial expresivo: admite una amplia variedad de colores, texturas, acabados y formatos, lo que permite diseñar envolventes con una identidad visual propia. Con la impresión digital, los acabados tridimensionales o los relieves modulares, es posible crear fachadas que combinan innovación técnica y expresión artística.
Claves para especificar una fachada cerámica
Estas son las indicaciones de la Guía de la baldosa cerámica de ASCER que conviene prever desde el proyecto:
- Fachada ventilada: las placas se fijan con anclajes mecánicos a una subestructura y dejan una cámara de aire con entrada inferior y salida superior; en climas cálidos y con buenas orientaciones mejora el comportamiento térmico del edificio.
- Juntas: en fachada ventilada suelen ser abiertas, de 5 a 10 mm según el sistema de anclaje, y las verticales deben coincidir con las juntas de dilatación del edificio.
- Fachada adherida: con piezas de más de 60×40 cm o de más de 25 kg/m², o con revestimientos de más de 3 m de altura, hay que añadir al adhesivo grapas de seguridad o anclajes mecánicos.
- Fuego: la cerámica es A1, pero el aislamiento alojado en la cámara también debe cumplir los requisitos del Código Técnico (DB SI), y hay que acreditarlo.
- Helada: en zonas con riesgo de helada, baldosas de muy baja porosidad, con absorción de agua inferior al 3 % y que superen el ensayo UNE-EN ISO 10545-12.

Las colecciones de este artículo
La tabla reúne los datos principales de las colecciones citadas, según la información de cada fabricante.
Preguntas frecuentes
- ¿Qué diferencia hay entre azulejo, gres esmaltado y gres porcelánico?
- Sobre todo, la absorción de agua. El azulejo tiene un soporte poroso (más del 10 %, grupo BIII) y está pensado para paredes interiores; el gres esmaltado se sitúa entre el 0,5 y el 6 %, y el gres porcelánico no supera el 0,5 % (grupos BIa o AIa), lo que lo hace apto para suelos interiores y exteriores, fachadas y paredes. El dato figura en la ficha técnica, según la norma UNE-EN 14411.
- ¿Qué cerámica elijo para un suelo exterior o una ducha?
- Hay que mirar la resistencia al deslizamiento. El Código Técnico (DB SUA 1) exige clase 3 (Rd > 45) en suelos exteriores, duchas y piscinas; clase 2 en suelos interiores húmedos con pendiente inferior al 6 %, y clase 1 en interiores secos. En exteriores con riesgo de helada, además, baldosas de muy baja absorción de agua.
- ¿La cerámica es incombustible?
- Sí. Según la Decisión 96/603/CE, las baldosas cerámicas se clasifican como A1 en reacción al fuego sin necesidad de ensayo. En fachada hay que evaluar el sistema completo: el aislamiento y los demás componentes de la cámara también deben cumplir los requisitos del DB SI.
- ¿A partir de qué medida se considera gran formato?
- La norma UNE 138002 considera gran formato cualquier baldosa cuyo lado mayor supere los 70 cm. En la práctica se habla de placas de 120×120 cm en adelante, hasta 160×320 cm. Requieren un soporte plano, adhesivo cementoso deformable, doble encolado y una junta mínima de 1,5 mm.
La cerámica contemporánea es el resultado de siglos de evolución, pero también de una profunda transformación cultural y tecnológica. Se ha convertido en un material integral, capaz de sintetizar diseño, sostenibilidad, innovación y narrativa espacial: de la cocina de una vivienda a la fachada de un museo, ocupa un lugar protagonista en la materialidad actual.
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